27 enero, 2007

LA HISTORIA INTERMINABLE

LITERATURA

Aireis tenía 14 años cuando solía visitar a su abuela a la casa de los Portales. Allí pasaba mucho tiempo, jugando, pintando y observando la gran cantidad de chismes que tenía el hijo de su abuelo. Era una pequeña habitación llena de muebles. La cama se extraía de uno de ellos y por todos lados había estanterías y cajones. Desde muy pequeña le gustaba revolverlo todo, abrir y cerrar puertas en busca de los secretos mejor guardados. Para ella aquella habitación llena de todo era un lugar mágico.
Un día se sentó en la ruidosa cama y se detuvo a mirar por largo tiempo la gran cantidad de libros que tenía el hijo de su abuelo. Acumulaban el polvo de muchos años sin ser tocados ni leídos por nadie, y le dio la sensación de que estarían tristes ante la soledad y el abandono causados por su propietario. De golpe se levantó intrépida y se acercó al estante. Comenzó a rozar con el dedo cada uno de los libros perfectamente colocados sobre el estante. Nietzsche, Freud, García Márquez, Juan Marsé… Había un poco de todo, y se preguntaba si guardarían en su interior alguna nota escondida, tal vez una carta de amor escrita con esa letra pequeñita del hijo de su abuelo. Así fue como cogió un libro marrón, de pasta fina y más bien viejo. Dos serpientes formaban un círculo con sus cuerpos y la cabeza de la una se introducía en la cola de la otra.
Como si de historias paralelas se tratase, como si nos hiciéramos una foto ante un espejo para comprobar cuán infinita es la imagen, Aireis se introdujo en un mundo fantástico de tipográfia verde y roja. Donde un niño curioso cogió un libro de una biblioteca y fascinado por una conmovedora historia de un mundo fantástico que se perdía, decidió salvarlo. Así fue como Aireis conoció a Atreyu, y como viajó en lomos de un blanco dragón por Fantasía para salvar a la princesa de la devoradora Nada. Así fue como Aireis quedó atrapada en el libro, como lo escondió bajo el brazo y se lo llevó a su casa. Durante cinco días estuvo leyendo sin poder hacer más nada. Desde entonces vive en su mundo. La historia interminable se llamaba.

3 Comentarios:

abel dijo...

Me a encantado la forma de contar tu encuentro con el libro, aunque nunca he llegado a leerme el libro, si pude ver la película hace muchos muchos años ya... tanto que solo recuerdo algunos personajes, tales como la montaña de roca, el niño que encuentra el libro, y por supuesto, el gran animal blanco surcando los cielos en busca de la princesa...

Cosette dijo...

¡Qué gran libro! a mi también me atrapó y a dia de hoy sigue siendo uno de mis preferidos :)
Un saludo!

Morís dijo...

Creo que la mejor forma de que leas un libro es que te lo aconseje algien de confianza y que te conozca.

Ayer, en un paseo nocturno de luna llena por la Plaza del Triunfo, me encantó la forma en la que interpretastes el libro. Ya sabes que yo intento buscar siempre algo más allá de las peliculas que veo y los libros que leo, aunque no siempre lo compartais conmigo. Y anoche me di cuenta que haces lo mísmo. Bueno lo mísmo no, creo que te expresas mejor. Tanto como para que "La Historia Interminable" sea una novela en la lista de pendientes, y pueda quitar de mi cabeza la imagen de ese dragón-perro, que, según tú, tanto daño le hizo a sus fieles lectores.